martes, 24 de abril de 2012

"Intocable"

Hombre blanco millonario paralítico por practicar deportes de riesgo busca asistente que no le compadezca, que le trate como a cualquier otra persona. Nini negro busca que hombre blanco le firme la solicitud de empleo para cobrar el paro. A ambos hombres les gusta la velocidad, la música, el sexo opuesto y los chistes y bromas sobre paralíticos. Uno fuma marihuana por placer y el otro como medicina. Se hacen amigos... tampoco inseparables, digamos que se soportan bien. Uno descubre que trabajar no es malo y aprende nociones básicas de pintura y música clásica. El otro acepta su imagen, pierde el miedo a ligar pese a su aspecto y aprende a mover la cabeza a ritmo de soul con Kool and the Gang y Earth, Wind and Fire.
Fin de la película.
Sé que es injusto hacer esto, se podría hacer con casi cualquier película... pero esta conjunción de clichés me asustaba mucho al entrar en la sala. ¿Podrían pasar por encima de ellos? ¿Podrían dar la vuelta a los tópicos del hombre blanco remilgado amante de la alta cultura y el nini negro barriobajero con problemas? El caso es que no estoy seguro de ello. Me pregunto si tenían un libro de chistes sobre parapléjicos o fueron improvisando sobre la marcha. Es verdad que se cuentan con buen gusto, y con la intención de hacer hincapié en ese valor mencionado al principio de esta crítica, la necesidad de ser considerados normales y dentro del mundo, de romper las barreras de lo políticamente correcto y centrarse en la persona bajo ese problema, hasta ahí estoy de acuerdo, pero no tanto si ese es el punto fuerte de la película, las maneras de reírse de la parálisis de uno y de la incapacidad del otro para cuidar de él. También hay que reconocer que, dentro de los clichés y los tópicos y los lugares comunes, los personajes están escritos con cariño y con relativo buen gusto, trabajados. En cada escena en la que salen hay acción y se contraponen de alguna forma, ya sea por el miedo a volar, por las diferencias culturales, por la forma de ligar, por el arte... en definitiva, lo único que comparten es el sentido del humor y varias caladas... y al final, un respeto del uno por el otro. Quizá esto no hubiera sido posible sin el gran trabajo de los actores, Omar Sy y François Cluzet demuestran una gran intución y muy buen tempo para la comedia, sin grandes alardes, pero con mucho carisma. Los directores, por su parte, no se complican en ningún momento, disfrutando de momentos muy plásticos, como el vuelo en parapente o la persecución en coche, acompañados de música... se puede apreciar que también ellos trabajan con cariño, con cuidado en los detalles. Ahí creo que es donde reside el éxito de la película, quizá la película europea de mayor recaudación del año. En Francia cuidan mucho su cine, también el comercial, y eso se agradece. Cuidan los pequeños aspectos del guión, escena a escena, aunque se adentren en imágenes mil veces vistas por el espectador medio, cuidan la escena y el sonido, las interpretaciones... trabajan con estas películas tomándoselas en serio, ocupándose de que el espectador pueda reír o emocionarse con cada momento de la película. No fue mi caso, pero entiendo que sí lo sea el de otra gente, y me alegra que se haga así este tipo de cine, no sólo el cine con intenciones más profundas merece esfuerzo y cuidado. Me alegro de que se tome esta perspectiva en el cine realizado en Francia, que se lleva viendo ya un tiempo, en contraposición al cine de Hollywood, o al cine comercial hecho en España, que dejan la mayor parte de su esfuerzo en contratar grandes estrellas del cine y de la televisión, como si les diese vergüenza esforzarse en un producto sin grandes aspiraciones culturales, que la gente irá a ver, de todos modos, por sus efectos especiales y las caras bonitas que salen en revistas del corazón.
Para terminar de resaltar esto, quisiera resaltar la primera escena de la película, que choca con todo el resto de cosas que pasan, estoy casi convencido de que me hubiera parecido fuera de lugar si se hubiera situado en su lugar cronológico. Pero tiene sentido al comienzo, incluso choca fuertemente con el espectador, viendo a sus dos protagonistas realizar una acción enormemente inmoral, haciendo al espectador cómplice de ello, haciéndole disfrutar de ello. A partir de ese momento, ya se pueden relajar y apreciar cualquier broma sobre parapléjicos, están atrapados por la película, incapaces de discernir qué comportamiento es correcto o incorrecto, tan sólo saben que se divierten con los personajes. Eso es un buen trabajo, bien estudiado, de las reacciones del público.
Por cierto, no quiero dejar pasar que la historia está basada en hechos reales y el nini no es negro, sino árabe, supongo que argelino... ¿por qué ese cambio de guión? ¿Es más visual trabajar con un hombre blanco y uno negro? ¿O será que sigue habiendo más prejuicios contra una raza y una cultura que contra otra? ¿Es casualidad? Yo lo dejo ahí, por si alguien tiene alguna respuesta...

viernes, 20 de abril de 2012

"Alps" o los problemas de ser un autor

2011. Dir.: Giorgos Lanthimos. Grecia.
Alps es cine de autor. Amado por unos, temido por otros, no comprendido por gran parte de la sociedad. Quizá haya que tener unos conocimientos previos sobre las nuevas formas de hacer cine, o sobre las antiguas, para viajar sobre estas películas y dejarse llevar por sus historias, para dejarse absorber por sus tramas. El cine comercial, en cambio, forma parte de la cultura popular y está en nuestro día a día, podemos verlo sin pensar, siquiera, si no se quiere pensar. Supongo que, en nuestra intimidad, todos podemos pensar y muchos lo hacemos, aunque sea de mal gusto exteriorizarlo en público. Todos somos libres para hacer tal cosa, aunque a veces esté mal visto.
Giorgos Lanthimos toma su propio camino para expresar, con una manera muy personal de establecer los diálogos entre los personajes, con unos encuadres muy particulares, mezclando planos tremendamente largos con otros muy breves, jugando con el ritmo y el movimiento de cámara, dejándonos, por momentos, sin poder ver las caras de los protagonistas. Busca un extrañamiento, un alienamiento del espectador frente a la sociedad que se muestra en su pantalla. Sin embargo, la estructura de su guión es bastante clásica y comprensible para cualquier espectador, pese a que nunca explique nada al espectador, lo cual es de agradecer, pero básicamente se compone de un planteamiento, nudo y desenlace, con una evolución de los personajes entre medias, especialmente la protagonista. Esto quizás hace más asequible su cine al gran público, acercándole a unas historias que muestran pequeñas sociedades, pequeñas visiones del mundo que nos hagan pensar sobre la cultura en general y el individuo en particular al mismo tiempo. Son enormes metáforas de la sociedad y de la vida.
Canino, su anterior película, la que le dio a conocer al mundo entero, una inconmensurable obra maestra, hacía referencia al proteccionismo de los padres en la educación de sus hijos, evitando su exposición a los males de una sociedad corrupta. En ella, su estilo estaba perfectamente justificado y funcionaba a cada tramo de película, con un magnífico clímax en una de las mejores escenas de baile de la historia, llegando a lo más ínstintivo y animal. Se le comparó con Haneke, otro gran autor, por su manera de mostrar la violencia, pero hay enormes diferencias entre ellos y se hacen más evidentes al ver Alps.
Debo decir que no creo que sea fácil hacer cine de autor. Es más fácil atenerse a unas reglas que delimitan gran parte del trabajo, que mantienen el desarrollo de las historias dentro de unos cánones, de unas convenciones de género. Hacer cine de autor es como adentrarse en un mar de posibilidades, sin saber del todo si lo que se hace está bien o mal. Desde luego, hay unas reglas, pero pueden ser más abiertas. ¿Quién le dice a un gran autor que lo que está haciendo no es una genialidad, sino una banalidad? ¿Quién se atreve?
Me pregunto si estos directores únicos hacen las películas según aquello que quieren contar o viceversa. Me pregunto si la forma, si el modo de contar, narrativo y visual, sirve para mostrar la profundidad y belleza de una historia, o si va unido al autor y todo lo cuenta de la misma forma. Giorgos Lanthimos me hace dudar a este respecto. Porque la artificialidad del mundo que crea no es suficiente en Alps para adentrarse en esos personajes que no saben afrontar sus pérdidas, o en esos otros que tratan de hacer negocio de esa solución. Alps trata de un grupo de enfermeros y demás trabajadores de un hospital que se encargan de sustituir a los fallecidos en sus familias hasta que superen su dolor, para que sea más gradual su duelo. Nadie protesta, todos aceptan indiferentes estas técnicas. No vemos nada del proceso de esos familiares y muy poco de aquellos que les sustituyen, en quienes se basa la película. Sí se nos muestra la necesidad de ser necesitada de la protagonista, carente amor en su familia y en su vida diaria, teniendo que robárselo mezquinamente a los muertos, pero no se llega hasta el final de ese sufrimiento, sino que nos quedamos en la superficie, viendo lo extraño e incómodo de ese proceso, pasando la película sin grandes avances, ayudada tan sólo por un irónico y negro sentido del humor, que parte de la extrañeza, de lo absurdo de las necesidades humanas. Pero no encuentro la lógica a la elección de los planos por parte de Lanthimos, ni encuentro sentido a los diálogos imposibles hasta en las conversaciones con más confianza, ni a un clímax que se vuelve a apoyar en el baile, como en Canino, pero que aquí no funciona igual. Mi impresión es que Giorgos Lanthimos es esclavo de su éxito y trata de repetirlo sin éxito, sin dejar que la historia que quiere contar le guíe, le lleve a una manera u otra de mostrar y de hablar, de narrar.
Uno se encuentra distraído descubriendo la enorme cantidad de palabras de origen griego que hay en nuestro lenguaje, algunas con el mismo significado, y otras que lo han ido mutando, tema ciertamente interesante, pero que no debía haber aparecido en mi cabeza, y que probablemente no lo hubiera hecho si la película avanzase y me contase diferentes cosas, si no tuviera miedo en investigar dentro de sus personajes y sus emociones, dentro de su dolor y su pérdida. Es una pena, porque él ya demostró en Canino que puede hacer gran cine, y aquí ha dejado escapar una historia muy atractiva. Esperemos que sea más valiente la próxima vez y sepa alejarse de sí mismo para narrar su historia... o encuentre una historia en la que su modo de narrar vuelva ser totalmente efectivo.

miércoles, 11 de abril de 2012

"Blancanieves"

Los cuentos infantiles han causado un impacto muy fuerte en el imaginario colectivo, en la infancia de todos. Son pequeñas historias que sirven para explicar el mundo, con todos sus problemas y sus bajezas, a los niños. Se les explica todo aquello que van a vivir, facilitándoles esos cambios que su vida tendrá que dar, enfrentándoles a sus miedos, a la pubertad, a la pérdida de la virginidad, y a un mundo desconocido para ellos, para terminar con un final generalmente feliz... al menos para los "buenos". Claro está que nadie trata de explicar los motivos que tienen los "malos" para actuar así, o si no será que no son malos, sino gente con problemas. No, en los cuentos infantiles son malos y punto. Ahora ha vuelto la moda de recuperar esas historias y pasarlas a cine de carne y hueso. Hay quien pudiera pensar que es un buen momento para desmitificar esas figuras del bien y el mal... para demostrar las barbaridades que se decían a los niños, ese brutal mensaje que se ha inculcado a la inocente infancia desde los tiempos de Walt Disney, superficial y peligroso. Hay que decir que Walt Disney ya adaptó esas películas a sus ideas, a aquello que deseaba transmitir. Éstas son las adaptaciones de las adaptaciones. El espejo que refleja el espejo.
Con Shrek se trató de eliminar alguno de los prejuicios de los que estaba cargado el mundo de hadas de Disney, pero aún quedaba mucho trabajo por hacer. No parece que esta nueva visita a esos cuentos míticos vaya a cambiar gran cosa, pese a todo.
Blancanieves (Mirror mirror) se centra en el exotismo y la sexualidad implícita de la historia. Sí es cierto que se muestra una imagen más autosuficiente de la princesa, pero eso resulta tan sólo en la apariencia más superficial. Tampoco el príncipe es tan encantador, al menos al principio de la película... aunque le basta con pedir unas tímidas disculpas para volver al bando de los "buenos". Pero, sin lugar a dudas, el personaje que más sufre es el de la madrastra, el más llamativo de esta historia, aquel que debería hechizar al espectador. Comienza bien la película en este sentido, con un trabajado prólogo de animación, narrado en primera persona por la propia madrastra, que parece ser la protagonista de la película... pero pronto se olvidan de ella, de todo su interés y su profundidad, para centrarse en una llamativa puesta en escena, con un vestuario y unos decorados que se acercan a Bollywood, haciendo alarde de colorido y exageración decadente en las formas, acompañado de un tono general festivo y relajado. La película está pensada para no ser tomada en serio, para disfrutar del espectáculo visual y el atractivo de sus protagonistas, con la acción y los diálogos buscando resaltar el erotismo latente bajo este cuento en el que la belleza es poder. Todos los símbolos utilizados por la imagen van dirigidos descaradamente hacia esta dirección, partiendo del enorme lazo del vestido de Blancanieves, pasando por los juguetones cachetes del príncipe a Blancanieves en su pelea hasta la importancia del primer beso de la joven princesa, en forma de ritual pseudoromántico, sin olvidar la importancia de los colores utilizados. En este aspecto, la película logra sus objetivos, si bien podrían considerarse escasos. Uno termina aburriéndose de una trama que avanza muy lentamente y sin interés y de una protagonista que no da mucho juego... yo no sabría siquiera decir si Lily Collins, la hija de Phil Collins, que interpreta a Blancanieves, es una buena o mala actriz. No tengo con qué valorarla.
Por otro lado, en estos tiempos en que la monarquía se pone tanto en entredicho, es pertinente decir que sí se atreve el guión a dejar ciertos detalles irónicos sobre la monarquía y el poder en este mundo utópico de fantasía, apoyándose en la interesante idea del control del pueblo por medio del miedo y el terror a una amenaza externa. Pasa de puntillas por estos aspectos, pero acaso es ahí donde se quedan los puntos más mordaces de la trama. Es curiosa la dualidad que tienen los estadounidenses con la monarquía, confluyendo la fascinación de los cuentos y la necesidad de un poder democrático.
Poco más hay que decir de una película que busca exactamente eso, ser un mero entretenimiento agradable para pasar menos de dos horas sin pensar en nada, sumergido en los colores y la ligereza de su historia. Es una lástima, porque con algo más de ambición habrían logrado una obra más atractiva para el espectador, que probablemente la olvide antes de que se estrene la próxima revisión de Blancanieves. Habrá que seguir esperando a que alguien reflexione sobre este cuento clásico y le de la vuelta, o que al menos nos descubra la preciosa metáfora de un espejo mágico capaz de cambiar el mundo a nuestro antojo, que devuelve una imagen transformada de la realidad, una historia sobre la verdad y las mentiras, sobre la belleza y su importancia en nuestra sociedad, sobre el éxito, sobre la importancia de verse a uno mismo reflejado y las dudas que pueden entrar al fijarse en la propia persona, sobre el ego... o incluso sobre la edad y el paso del tiempo en este mundo superficial donde la imagen es un aspecto tan esencial. No he mencionado a los enanos en esta crítica, lo sé... pero no hay mucho que decir sobre ellos... aquí son un mero gag cómico que no siempre funciona bien, aunque también de ellos se podrían extraer muchas lecturas, así como de su relación con Blancanieves. Supongo que hay muchas más cosas que pensar y que contar sobre Blancanieves y los cuentos de hadas... qué pena que nos hayamos quedado en los vestidos de colores... habrá que seguir esperando, o aceptar que esto es lo que hay.

lunes, 9 de abril de 2012

La música

Una paella. Un solomillo. Una ensalada. Unos spaghettis. Unas albóndigas. Una tarta. Un pedazo de pan.
Todos pueden ser de mejor o peor calidad, estar más o menos ricos, pero tienen en común que una buena salsa les puede hacer especiales, únicos y diferentes. Una buena salsa potencia el sabor del plato, combinando con sus ingredientes para fundirse en la boca del afortunado comensal. Puede ser fuerte o suave, puede ir en la misma dirección que el plato, compartiendo ingredientes con él, o bien generar un contraste que aporte carácter a cada bocado de placer intenso. Puede ser sencillo o complejo, picante o dulce, amargo e incluso afrodisiaco. Quizá no estemos acostumbrados a paladear sabrosas salsas en nuestra vida diaria, habituados al tomate frito o al ketchup, esa costumbre anglosajona que se echa en cualquier plato de manera indiscriminada, con resultados dispares. Por suerte, he crecido en una familia en la que mi padre tiene herencia valenciana, de la cual ha quedado el ali-oli como un vestigio cultural. Un ali-oli arriesgado, hecho con mortero y manualmente, sin artilugios electrónicos, pero suele dar buen resultado, dando una fuerza inmensa a las paellas. Por supuesto, la paella también es complicada de realizar, y, si sale mala, no hay ali-oli que la pueda salvar. Las salsas pueden marcar la diferencia, pero difícilmente serán más importantes que el plato en si.
La música en el cine tiene un efecto similar, con la diferencia de que la música es también un arte independiente, aunque no dentro del cine. Ahora recuerdo esos casos en los que se meten canciones de éxito en las series y películas. Es como utilizar gazpacho como salsa de tomate... cuando se toma solo puede estar muy rico, pero como salsa falla. La música de cine debería de estar pensada específicamente para la película, porque ambas artes crecen en su simbiosis, porque la imagen adquiere una capa más de profundidad y sentimiento, mientras que la música crecerá al verse ligada a las emociones de los personajes, al ambiente creado por la historia. No aspira a lo mismo que el resto de la música, aspira a algo diferente y de gran belleza.
Tengo que reconocer que este blog me ha ayudado a apreciar más la música para el cine, ya que casi cada vez que escribo una nueva crítica escucho su banda sonora una y otra vez, viajando así de nuevo a la película, a su ambiente, a sus personajes y sus emociones, me refresca todo lo vivido en la sala y me permite hacer más fiel mi función de recrear lo que la película me pudo hacer sentir. No pude parar de escuchar la música de Shame (http://www.youtube.com/watch?v=q9MZUeeg2Ug), Picnic en Hanging Rock (http://www.youtube.com/watch?v=8m-6bU4x7us), Blade Runner (http://www.youtube.com/watch?v=RScZrvTebeA), Chico & Rita, Sangre Fácil (http://www.youtube.com/watch?v=Wr8koRRce_Y), Drive (http://www.youtube.com/watch?v=MV_3Dpw-BRY) o Rocky (http://www.youtube.com/watch?v=N5aix0qCLP8). Hay casos en los que no merece la pena escuchar una y otra vez la banda sonora, por supuesto... cuando esa banda sonora es ketchup, por ejemplo, o mayonesa de bote.
Incluso he descubierto que hay ocasiones en las que la música me ayuda a entender mejor las películas. Amelie (http://www.youtube.com/watch?v=rdSKbILsezY) sería mucho más difícil de seguir sin la preciosa melancolía de su tema principal, o de cualquiera de sus otras canciones... uno puede comprender la soledad y la necesidad de sentir de Amelie Poulain, y sentirse identificado con ella. Vangelis hizo trabajos inolvidables en Carros de fuego o Blade Runner, películas que deben gran parte de su ambiente, de su clima, a su creación minuciosa, que se mezcla sutilmente con las imágenes.
No me quiero olvidar de John Williams y de la épica. Quizá ahora no es mi momento de mayor conexión con ese tipo de cine, que considero que no está envejeciendo del todo bien, pero me ha dado muchas alegrías y muchas tardes de tarareo, poblando mis sueños heroicos de la infancia, dándoles banda sonora.
La melancolía de Brokeback Mountain (http://www.youtube.com/watch?v=zEqIlRcwm5o&feature=fvst), la inmensa intensidad patológica de Requiem por un sueño (http://www.youtube.com/watch?v=vl5McGN2L-E), la dulzura de Cinema Paradiso (http://www.youtube.com/watch?v=1FzVWlOKeLs), el desierto y sus pasiones decadentes y crepusculares en El bueno, el feo y el malo (http://www.youtube.com/watch?v=10QLPX4TIJs), ambas del gran Morricone. Podría seguir eternamente. Todas nos remiten al cine y lo hacen más grande... desde el cine mudo ya hubo música y a nadie le pareció extraño... supongo que será porque en nuestro día a día también hay música... sólo tenemos que saber escucharla.
En estos momentos es cuando más lamento que mis conocimientos musicales sean tan limitados. Me va a tocar aprender algo. También tengo que aprender a cocinar. Bueno, siempre podré disfrutar de ambos placeres... y del cine. O todos juntos y mezclados, pero con gusto.

miércoles, 28 de marzo de 2012

"Shame": ¡un brindis por el éxito!

Sí, brindemos por el éxito. Brindemos por Nueva York y sus calles que nunca duermen. Brindemos por la juventud y la belleza, brindemos por los amos del universo de Manhattan, por los delirios de grandeza, brindemos por los placeres y por el sexo, brindemos por el ideal occidental de vida, brindemos por los grandes apartamentos, por el lujo, por los mejores locales y las mejores ropas, por la seducción, brindemos por el sueño americano. Brindemos por la cima del mundo. Brindemos por la soledad acompañada, por la vacuidad, por el dolor, brindemos por el consumismo, brindemos por la imagen, brindemos por el egoísmo y las necesidades adquiridas e irrevocables.
Hay quien diría que Shame es una película que trata sobre la adicción al sexo y sus problemas, quien diría que trata sobre esa enfermedad. Quizá sea así. Pero creo que hay mucho más. Shame nos habla sobre los sueños de la cultura occidental, nos habla sobre el vacío del supuesto éxito, nos muestra a unos personajes perdidos en una ciudad donde no se pueden encontrar, no sabrían por dónde empezar. El sexo es una salida, una salida del dolor y del sufrimiento, una obsesión que permite tapar otros problemas, que esconde un alma herida bajo un armazón de placer que nunca es suficiente para ocultarlo todo. Las intermitentes luces de una ciudad grande y solitaria logran diluir ese sufrimiento entre la gente, demasiado perdidos todos en sus propios mundos para conseguir ver al prójimo, a quien nos cruzamos en el metro, a nuestro compañero de trabajo, a nuestro amante, a nuestro amigo, satisfaciendo las necesidades adquiridas por la sociedad: nuestra dosis de placer sexual, nuestra dosis de autoestima, nuestra dosis de alcohol o cocaína, o de cualquier tipo de droga, nuestra dosis de éxito profesional, pero sin ver a nadie más ni escuchar a quien llama una y otra vez, a veces a gritos, y sin poder hacerlo, en realidad. Quizá sea un dolor inevitable, después de todo. ¿Por qué preocuparse? ¿Para qué dar limosna si hoy en día todos somos pobres?
Que la película esté ambientada en Nueva York no es fruto de la casualidad, es un personaje más, esencial en el transcurso de la trama. Es un personaje bueno y malo, al mismo tiempo, es la ciudad de las ambiciones rotas, el lugar al que van aquellos que necesitan un sueño. Nueva York es el lugar donde se triunfa a lo grande, donde los éxitos son mayores, la cima del universo. Si alguien no encuentra su camino, entonces lo mejor que puede hacer es ir a Nueva York, a unirse a la legión de personas que luchan encontrarlo muy arriba, en lo alto de sus altos edificios, muy por encima de las ratas de sus alcantarillas, por encima de la suciedad de sus calles, por encima de sus clubes más oscuros, por encima de sus hoteles baratos y lejos de sus calles secundarias y sus barrios bajos.
Da la casualidad de que ambos protagonistas, los hermanos Brandon y Sissy, tienen unos problemas anteriores que desconocemos, unas carencias que provienen de su infancia, de su pasado, y los arrastran por toda la ciudad. Nosotros sólo podemos ver las consecuencias de ello, vemos sus necesidades, vemos sus bajezas, su deseo de autodestrucción, su dolor interminable y su enorme belleza. La tristeza puede ser muy bella, quizá sea porque genera deseos de solucionarla, de eliminarla, de ver la felicidad en esas personas... somos amantes de los cambios para bien, de la superación de los males. Me pregunto cómo serían estos personajes de haber crecido sin tantos problemas, o si hubieran viajado a Nueva York para labrarse un futuro mejor. Quizá sí... o quizá no. Quizá uno pueda ser feliz en ese mundo superficial, el reino de la imagen. Por supuesto, hablo del Nueva York de los sueños y de las películas, el famoso... hay otros muchos, alejados del bullicio y del consumismo, hay hasta otras culturas, pero no es ese Nueva York el que se nos muestra aquí.
Es curioso cómo se plantea un reto al espectador en esta película, al enfocar el vacío en el que se sumerge su protagonista en la adicción al sexo. El sexo es bueno, es un placer indispensable para el ser humano, responsable de la continuidad de la especie, entre otras cosas. Por un lado se nos vende en las imágenes de los anuncios, en el ideal de belleza, como una consecuencia del éxito... y por otro se tiene miedo de él y se censura, se convierte en un tabú, que sólo aumenta su atracción y su obsesión por él, su deseo por lograrlo. Pero aquí es la opción que toma el protagonista para escapar de su propia vida y sufre con él, al no ser capaz de dejar de pensar en ello, al dedicar su vida al placer se convierte en rutina, en un nuevo problema, reflejo de aquello que va pudriendo su alma por dentro, aquello que no llegamos a saber, pero que afecta profundamente a Brandon. Un espectador de mente relativamente abierta podrá ver esto, pero un espectador con prejuicios verá sexo y más sexo, verá algo explícito que rechazará, pero que quizá le estimule secretamente, e incluso quizá le haga avergonzarse al descubrir pequeñas similitudes en su comportamiento. Shame varía mucho según los ojos de quien la vea, y ahí radica gran parte de su fuerza.
Y la película tiene una gran fuerza, que se ve alimentada por la gran capacidad narrativa de Steve McQueen, su director, un hombre que hace películas como las siente, pensadas y realizadas de acuerdo a ello, buscando la realidad, acercándonos a su visión de la verdad del mundo en que vivimos, o a partes de él. El mismo tema de esta película puede verse por ejemplo en American Psycho, pero en aquel caso se hace desde el punto opuesto, desde la ensoñación y la paranoia, podría ser una pesadilla de Brandon y Shame su día a día.
Michael Fassbender hace un trabajo impresionante para conseguirlo. Sólo hay que mirarle a la cara, ver su actitud ante la vida, la repugnancia que él mismo se provoca, para apreciar todo lo que nos quiere decir su personaje. Hace un esfuerzo creíble y magnético, una actuación memorable. Y Carey Mulligan hace un trabajo más difícil de lo que parece, muy complejo y muy bonito, la fragilidad como arma para salir adelante, la gran inseguridad de un personaje muy emocional... su interpretación de New York, New York es magnífica y con una dura y seca ironía por debajo que conmueve.
En fin, es una gran película, aunque sus personajes no logren evolucionar, por mucho que lo intenten, por mucho que luchen contra las paredes de sus propias almas. Quizá sea muy difícil para ellos volar en una ciudad con edificios tan altos. Me pregunto si se pudiera haber llevado mucho más al límite, y si eso le hubiera aportado algo más... y me pregunto cómo sería una segunda parte, hecha dentro de 20 años si Michael Fassbender se conserva regular y de 40 si se hace retoques, en la que el éxito ya no sea un sueño posible, cuando sea un Don Juan tardío y marchito y no tenga sexo bajo el que esconder sus miedos, ni violencia con la que expresar su frustración. Me pregunto qué pasa con los amos del universo cuando ya ha pasado su tiempo. Quizá emigren a otra parte, dejando Nueva York, la ciudad de los sueños, la ciudad que nunca duerme. Brindemos por ella, por la Nueva York soñada, por la de las películas, por lo más elitista de Manhattan, el centro del universo.

domingo, 18 de marzo de 2012

¿Merece la pena?


Cada fin de semana se estrenan varias películas. Alrededor de la mitad de ellas son europeas, asiáticas, o sudamericanas. Salvo excepciones, como un enorme éxito en su país de origen, un gran talento, un gran parecido con el cine americano, o el hecho de estar protagonizada por una estrella española de la televisión, esas películas no tendrán éxito a gran escala. Serán enviadas a cines de versión original... esos cines para raros, frikis y listillos. De entre las películas norteamericanas que nos llegan, muchas de ellas son del llamado cine independiente, o tienen una intención artística superior a su intención comercial, o no se ciñen al cine de género a rajatabla: estas películas también irán dirigidas mayoritariamente a ese mercado, o no tendrán un gran éxito en taquilla y pasarán brevemente, sin pena ni gloria, por los grandes cines, los de pantallas grandes y palomitas. Entonces nos queda una parte del cine americano que copa nuestro mercado, es el cine de género, es decir: el cine de terror, acción, romántico, comedia, familiar, etc. Es el cine que conocemos, el cine del que se habla más habitualmente, nos guste o no, el cine que llena carteles y anuncios televisivos, el que llevamos viendo desde que nacimos. Ese cine que está protagonizado por estrellas, el cine que cuenta las historias que ya han funcionado antes, que tienen el mayor porcentaje de éxito. Las principales productoras no son tontas, no hay que tomar riesgos. Así vemos la recaudación encabezada por remakes de películas antiguas o de habla no inglesa que los estadounidenses hacen en lugar de doblar películas, medida inteligente, porque a su vez se adaptan al ideal americano de vida y a su idea de cine, tan sólo se quedan con una pequeña idea del original... también podemos encontrar secuelas e incluso secuelas de remakes, existiendo la posibilidad de existir remakes de secuelas, aunque es más improbable, ya que no se hacen tantas secuelas fuera de Hollywood. En realidad, poco importa, las películas "originales", las que no son remakes ni secuelas, son quizá las más previsibles y adscritas al género... no se pueden permitir el riesgo de hacer un producto no visto antes.
En fin, esa es la realidad del cine actual, y un lector avispado podrá leer entre líneas mi disgusto por esta situación. Lamento mucho mi subjetividad latente y pretendo justificarme. No odio este cine "comercial", no tengo nada en su contra. Pero sí tengo muchas cosas en contra del mal cine comercial, del mal cine de género. El problema es que abunda, y mi impresión es que eso ocurre cada vez más.
¿A quién le importa hoy en día que una película sea buena o mala? ¿Que esté bien o mal hecha, bien o mal interpretada, bien o mal escrita o dirigida? ¿A quién le importa que manipulen descaradamente los sentimientos y emociones de la gente? No veo que importe realmente el buen gusto o el trabajo bien hecho. Hay veces que creo que les da vergüenza hacer un buen guión de una comedia romántica, igual alguien les echa, o les llama cursis, bajo la amenaza de que el cine romántico no es así, hay quien cree que debe ser malo, que deben sonar violines o piano cuando se juntan los enamorados, que se debe manipular al espectador, que deben suceder cosas sin explicación ni sentido ninguno, sin un trabajo previo, quizá crean que el sexo se hace con ropa interior y sin más interés que ver muy guapos y enamorados a los protagonistas, chistes fáciles, bromas ya vistas, comportamientos adolescentes y ridículos en los enamorados, sea cual sea su edad, y un largo y enojoso etcétera.
Me molesta, pero parece que sólo me ocurre a mí, ya que la gente parece disfrutar igual de un producto bueno que de uno malo, parece que la capacidad crítica está sobrevalorada. ¿Para qué escribir un buen guión en medio año si en un mes he escrito algo que sirva para que Jennifer Aniston salga preciosa pero con un puntito picante? ¿Es eso lo que quiere el público?
Las cifras lo dicen. Supongo que gran parte de los lectores de este blog lo corrobora, si concuerdan con un poco de lógica estadística. Parece que sólo nos interesa el cine para ver lo que esperamos ver, lo que ya hemos visto otras veces, a llorar con lo que ya hemos llorado, a reir con lo que ya hemos reído. Pero... ¿cuántas veces puede funcionar la misma broma, la misma situación? Por lo visto, eternamente. Total... ¿qué importa? El cine está para entreneter, para dar cobijo a parejas en una sala oscura, evitándoles mantener una conversación larga, o haciéndoles creer como esos protagonistas, guapos, estúpidos y fuera del mundo. El cine está para ver efectos especiales y grandes explosiones, palizas de los buenos a los malos, disparos con efecto. ¿En eso consiste el cine? Yo no hablo de un análisis pormenorizado o semiprofesional, tampoco yo sé tanto de cine. Hablo de no aceptar los lugares comunes, las escenas mil veces vistas, pido diálogos divertidos, personajes creíbles, situaciones originales, dilemas reales, una buena conexión entre los protagonistas, ya sea por el diálogo o por un buen trabajo de puesta en escena... o tan sólo una de estas cosas. Sólo con presentar algo que salga de dentro de los creadores es suficiente. Todos tenemos historias románticas que contar, todos tenemos comedia, todos tenemos miedos que plasmar en una película de terror, incluso tenemos escenas de acción... y las contamos día tras día, en bares, cafés, salones, dormitorios, calles, clases, centros comerciales, tiendas... todos contamos anécdotas y hacemos reir y pasar miedo, todos creemos que nuestra historia de amor conmoverá a nuestros amigos, conocidos y desconocidos... ¿por qué el cine tiene que ser menos? ¿O acaso somos tan poco inteligentes e inmaduros como los protagonistas de las películas? ¿En serio es así? ¿O soy un superdotado, o un ser increiblemente superior a la sociedad que me rodea? No lo creo, de verdad que no. Se ha dicho muchas veces que el cine muestra los sueños de la sociedad, o al menos los crea y les da forma, generando una interesante disputa de huevos y gallinas... ¿es la sociedad la que inspira los sueños que se muestran en el cine, o es el cine el que enseña a la sociedad qué debe soñar? ¿O ambas cosas? Yo pretendo apartarme de eso un segundo y analizar esos sueños, tal y como se muestran actualmente, y me resulta difícil creer que la sociedad es eso, esa banalidad mostrada en las películas, infantil y ridícula, sencilla hasta la simpleza. Ojalá no sea así, me daría mucha pena.
Con esto no quiero decir que todo el cine de género esté mal hecho, tan sólo digo que el bueno escasea... y aquí estoy yo, hablando de buenos y malos, cosa que detesto, yo, que siempre he creído que hasta en lo peor hay algo que salvar y en lo bueno algo que mejorar... yo, que disfruto metido en una infinita escala de grises, dudando de la existencia del blanco y del negro, pero ya estoy cansado de violines cuando se enamoran, de canciones de éxito con chicas en los probadores de las tiendas... estoy cansado de remakes que empeoran el original, de risas enlatadas... incluso me altero cuando veo el video de Kony 2012 y descubro que una ONG se ha atrevido a manipular los sentimientos del público. Esto me altera especialmente... porque puedo entender la manipulación de aquello que es dañino, es lógica... pero no se debe manipular ni ensuciar lo bueno con sensibleria barata, las buenas intenciones y los buenos sentimientos no necesitan manipulación... o no deberían.
No quiero hablar más de buenos y malos, pero era difícil en este caso. Lo siento.
Bueno, quiero decir que esta entrada surgió del visionado de Cruce de destinos, película escrita y dirigida por Ricky Gervais y Stephen Merchant, nada más que una película de género, previsible y sencilla, no una gran película, pero escrita y protagonizada con cariño, con ilusión, con golpes bajos, lamentablemente, y cierta manipulación, pero con buenos diálogos, buenos personajes y una pasión vital sincera en ellos, con buenas interpretaciones. Suficiente para ser la mejor película de género que veo en mucho tiempo. Es triste, pero cierto. No tuvo excesivo éxito, normal, considerando que es inglesa y no estadounidense, y que no la protagonizan estrellas.
En contraposición, Ex-posados, película de Hollywood protagonizada por Gerard Butler y Jennifer Aniston, obra de la que tuve el gusto de ver gran parte, por desgracia no pude visionarla en su totalidad, lo que quita fuerza a mi crítica... es un desastre, una de las peores películas que he visto: no tiene ningún interés por estar bien escrita, si lo hubiera hecho un niño de 10 años sus diálogos hubieran sido más maduros y su trama hubiera tenido más sentido, con todos los respetos a los niños de 10 años. Es un despropósito tras otro, una vergúenza cinematográfica sin interés ninguno que logró 67 millones de dólares en Estados Unidos, más de 5 millones de libras en Inglaterra y a saber cuánto en España. La vio mucha gente, sin ser un gran éxito... y nadie se quejó como con El árbol de la vida, nadie pidió que le devolvieran el dinero por haber presenciado un insulto a su inteligencia, o al menos no me consta. Se considera una película más, algo normal. Y esto es tan sólo un mero ejemplo. Por eso me pregunto si merece la pena hacer bien el cine de género... la gran masa de la sociedad parece no querer apreciarlo, ¿para qué preocuparse en escribir buenos diálogos? ¿Para qué crear situaciones y personajes interesantes? Quizá el público sólo quiera ver lo mismo de siempre de la misma forma de siempre.

jueves, 15 de marzo de 2012

"La ley del silencio"

1954. Dir.: Elia Kazan. Estados Unidos.
Por fin he tenido ocasión de ver La ley del silencio. La experiencia ha merecido la pena. Elia Kazan es un director especial, probablemente sería considerado uno de los mejores de la historia si no hubiera testificado en la caza de brujas, aquella lucha de los Estados Unidos contra cualquier forma de pensamiento cercana al comunismo. La temática de La ley del silencio también se centra en un hombre que debe decidir si testificar o no, si callar o hablar, un hombre que debe tomar partido entre su honor y su familia o su conciencia y su propio orgullo. Pese a todo, no se pueden comparar la trama de la película con la situación personal de Elia Kazan, en ambos casos ambos responden ante la ley como se les pide, pero en la realidad la ley no era justa ni honrosa. Éste es uno de esos casos en los que la realidad supera a la ficción... desconozco los motivos que le llevaron a hacer tal cosa, debieron de ser importantes, supongo. En cualquier caso, hay que evitar mezclar, en medida de lo posible, la vida privada de los autores con su obra... y la obra de Elia Kazan es impresionante. Quizá sea uno de los primeros autores del cine de Hollywood, imprimía a sus películas una fuerza vital impresionante cargada de contenido, uniendo una pulsión animal y salvaje con un profundo trasfondo reflexivo y metafórico. Se podría decir que hay aspectos de su cine que han quedado anticuados, tanto en su tratamiento de las historias como en las interpretaciones de sus actores, en ocasiones muy afectadas y lejanas a la realidad. Es comprensible, hace casi medio siglo que se hicieron estas películas, y Elia Kazan provenía del mundo del teatro, donde los espacios y la interpretación se entienden de otra forma, algo que se podía apreciar en su cine; además de ser uno de los fundadores del famoso Actor´s Studio, en el que se formaron actores como el propio Marlon Brando, protagonista de esta magnífica película. No voy a descubrir ahora a Marlon Brando, pero se come la pantalla en cada escena, sin excesos pero cargado de carisma. Consigue preocupar al espectador por un personaje con quien no resulta fácil sentirse identificado en un principio, un hombre que se niega a pensar, un bruto con una visión materialista del mundo, salvo por su pasión por las palomas y la libertad que simbolizan. Es un bestia, es agresivo, impulsivo, instintivo, como muchos otros protagonistas en las películas de Kazan, pero siempre con un punto soñador, sensible, idealista y un poco atormentado, problemático. Además, salvo pequeños momentos que parecen sacados de un mundo irreal, está muy bien acompañado por Eva Marie Saint, que quizá sea el personaje que menos se cree el guión, demasiado buena, demasiado fuera del mundo, pero con una atracción irracional por el protagonista y por la vida en el puerto. El resto de actores deja grandes momentos también, contribuyendo a un ambiente general convincente, asfixiante y, por momentos, de gran realismo. Se nos muestra con crudeza la vida en el puerto, el trabajo controlado por la mafia, dirigida por un líder ambicioso y poderoso, capaz de matar para mantener calladas las bocas de los trabajadores sobre lo que pasa allí. Se nos pregunta, a lo largo de toda la película, dónde están la valentía y la fuerza, en las palabras o en los actos, si hay mayor valentía en la resignación o la rebeldía, en los puños o las palabras. Se le plantea al protagonista su escala de valores: su familia, la justicia, su futuro, el amor... y tiene que tomar una decisión rápida que le deje en buen lugar, como persona y como hombre. Sí, digo como hombre, porque tiene que responder con el lenguaje que se entiende en esa sociedad que se nos muestra, plantando cara a las afrentas, sacando pecho y demostrando que no tiene miedo. Por eso hay una doble resolución en la película, la verbal y la física, la racional y la impulsiva, la de la justicia y la de los hombres. Y Marlon Brando hace lo que puede por cumplir con ambas, emocionando al público. Me pregunto si el propio espectador necesita de la respuesta física y violenta para terminar de cerrar la historia... si manda en nosotros algo primitivo cuando vemos una película, algo que nos pide la confrontación para culminar un conflicto. Mi impresión es que en este final perdemos gran parte del verismo ganado por la película y sus personajes, en una lucha cuerpo a cuerpo entre el bien y el mal, irracional, pero satisfactoria, donde la humillación y el dolor del adversario forman parte indispensable de la victoria final, para alegría del público enfervorecido. No se espera de ningún modo la redención o la comprensión, sino el sufrimiento. Naturaleza humana. Eso es lo que nos enseña Elia Kazan en su cine, nos guste o no.